30 de agosto de 2026

Espuma

Nunca hicimos más por construir nuestro denominado amor que tratar de sentirlo.

En el acto innombrable al que llaman de la forma en que llaman y que no disfruto al nombrar --de ahí mi denominación innombrable-- tratamos de construir algo que durara y nunca duró. Hoy, en la memoria, es espuma en el espacio interneuronal, si es que en algún sitio material se guarda el olvido.

Y tratábamos de amarnos diciendo "te amo" sin sentirlo pero sintiendo que al decirlo lo sentíamos, o algo menos rebuscado y complejo que eso que, como fuera, nunca tocaba nada fijo, solo el filo entre la palabra y lo que nombra.

Espuma análoga de metáforas océanicas, en la costa, a cuestas, acostados, solamente vimos agua y sal.

Cada día descubro una forma nueva de hablarme (y, en el ejercicio ocioso de hablarme, trato de escucharme, con más o menos éxito dependiendo de cómo brille el día y cómo suene la música que acompañe de ruido rosa lo que piense, diluyendo el drama cuando se ensambla el pensamiento en uno de esos bucles que son siempre el mismo con diferente disfraz) de los intentos vinculares que no han fructificado.

¿Es el tiempo parámetro de la fruición? 

Un día.

Quince días.

Tantos meses.

Ciertos años.

Una vida.

Y luego, la siguiente, ya sin tiempo.

Frutos por ahí ocultos, soterrados, inventados y, entonces, me convenzo, olvidados. En esa espuma que alguna vez llamé cuántica por no poder domesticar.

Era lo mismo.

O era otra cosa.

En esta forma nueva de hablarme, descubro, pues, la manera más dócil de escucharme sin perder la calma, o perdiéndola de una forma que no me tape la receptividad a mi propia experiencia. "¿Sabes por qué ahí no era?", me digo... "Porque si hubiera sido ahí, ahí sería".

Pseudoacertijos lógicos que recorren más en lo sintético: "Fue", "No fue" o "Ya fue". De lo que fuera que hubiera sido posible, lo que fue, ya fue, y así, hoy, solamente, ya no es.

Sin parámetros para contener el presente, el verbo estar se presta como vasija posible y, aunque igual de resbalosa que todas las demás, de alguna forma más asequible, menos definitoria: portable, portátil y olvidable.

De modo que lo que fue, ya fue; lo que aun no es, no ha sido; y lo que está siendo, ¿para qué nombrarlo?

Pero lo nombro en el intento de no hacerlo. 

Estar: arte portátil de palabras que llenan los huequitos que deja el silencio; ese sí, a falta de mejor vocablo, eterno.